sábado, 5 de septiembre de 2015

El Pulso de la Fe - La comunicación con Dios

Va a llegar el tiempo en que el hombre se va a presentar como el super hombre, auto-suficiente de sí mismo, no va a tener necesidad de nada, ni de nadie, ni de Dios, el hombre de hoy crea su propia moral y los principios ya no se admiten.


                         

LA ORACIÓN CRISTIANA-TIPOS DE ORACIÓN

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

CUARTA PARTE
LA ORACIÓN CRISTIANA

PRIMERA SECCIÓN
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

CAPÍTULO PRIMERO
LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN

ARTÍCULO 3
EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA

2624 En la primera comunidad de Jerusalén, los creyentes “acudían asiduamente a las enseñanzas de los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2, 42). Esta secuencia de actos es típica de la oración de la Iglesia; fundada sobre la fe apostólica y autentificada por la caridad, se alimenta con la Eucaristía.

2625 Estas oraciones son en primer lugar las que los fieles escuchan y leen en la sagrada Escritura, pero las actualizan, especialmente las de los salmos, a partir de su cumplimiento en Cristo (cf Lc 24, 27. 44). El Espíritu Santo, que recuerda así a Cristo ante su Iglesia orante, conduce a ésta también hacia la Verdad plena, y suscita nuevas formulaciones que expresarán el insondable Misterio de Cristo que actúa en la vida, los sacramentos y la misión de su Iglesia. Estas formulaciones se desarrollan en las grandes tradiciones litúrgicas y espirituales. Las formas de la oración, tal como las revelan los escritos apostólicos canónicos, siguen siendo normativas para la oración cristiana.

I. La bendición y la adoración

2626 La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición.

2627 Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre (nosotros le bendecimos por habernos bendecido; cf Ef 1, 3-14; 2 Co 1, 3-7; 1 P 1, 3-9); o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre (es Él quien nos bendice; cf 2 Co 13, 13; Rm 15, 5-6. 13; Ef 6, 23-24).

2628 La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho (cf Sal 95, 1-6) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el “Rey de la gloria” (Sal 14, 9-10) y el silencio respetuoso en presencia de Dios “siempre [...] mayor” (San Agustín, Enarratio in Psalmum 62, 16). La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.

II. La oración de petición

2629 El vocabulario neotestamentario sobre la oración de súplica está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, e incluso “luchar en la oración” (cf Rm 15, 30; Col 4, 12). Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la petición: Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él.

2630 El Nuevo Testamento no contiene apenas oraciones de lamentación, frecuentes en el Antiguo Testamento. En adelante, en Cristo resucitado, la oración de la Iglesia es sostenida por la esperanza, aunque todavía estemos en la espera y tengamos que convertirnos cada día. La petición cristiana brota de otras profundidades, de lo que san Pablo llama el gemido: el de la creación “que sufre dolores de parto” (Rm 8, 22), el nuestro también en la espera “del rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación es objeto de esperanza” (Rm 8, 23-24), y, por último, los “gemidos inefables” del propio Espíritu Santo que “viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26).

2631 La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición (cf el publicano: “Oh Dios ten compasión de este pecador” Lc 18, 13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7-2, 2): entonces “cuanto pidamos lo recibimos de Él” (1 Jn 3, 22). Tanto la celebración de la Eucaristía como la oración personal comienzan con la petición de perdón.

2632 La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda del Reino que viene, conforme a las enseñanzas de Jesús (cf Mt 6, 10. 33; Lc 11, 2. 13). Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, a continuación lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida. Esta cooperación con la misión de Cristo y del Espíritu Santo, que es ahora la de la Iglesia, es objeto de la oración de la comunidad apostólica (cf Hch 6, 6; 13, 3). Es la oración de Pablo, el apóstol por excelencia, que nos revela cómo la solicitud divina por todas las Iglesias debe animar la oración cristiana (cf Rm 10, 1; Ef 1, 16-23; Flp 1, 9-11; Col1, 3-6; 4, 3-4. 12). Al orar, todo bautizado trabaja en la Venida del Reino.

2633 Cuando se participa así en el amor salvador de Dios, se comprende que toda necesidadpueda convertirse en objeto de petición. Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre (cf Jn 14, 13). Con esta seguridad, Santiago (cf St 1, 5-8) y Pablo nos exhortan a orar en toda ocasión (cf Ef 5, 20;Flp 4, 6-7; Col 3, 16-17; 1 Ts 5, 17-18).

III. La oración de intercesión

2634 La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular (cf Rm 8, 34; 1 Jn 2, 1; 1 Tm 2. 5-8). Es capaz de “salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor” (Hb 7, 25). El propio Espíritu Santo “intercede por nosotros [...] y su intercesión a favor de los santos es según Dios” (Rm 8, 26-27).

2635 Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca “no su propio interés sino [...] el de los demás” (Flp 2, 4), hasta rogar por los que le hacen mal (cf. San Esteban rogando por sus verdugos, como Jesús: cf Hch 7, 60; Lc23, 28. 34).

2636 Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta forma de participación (cf Hch 12, 5; 20, 36; 21, 5; 2 Co 9, 14). El apóstol Pablo les hace participar así en su ministerio del Evangelio (cf Ef 6, 18-20; Col 4, 3-4; 1 Ts 5, 25); él intercede también por las comunidades (cf 2 Ts 1, 11; Col 1, 3; Flp 1, 3-4). La intercesión de los cristianos no conoce fronteras: “por todos los hombres, por [...] todos los constituidos en autoridad” (1 Tm 2, 1), por los perseguidores (cf Rm 12, 14), por la salvación de los que rechazan el Evangelio (cfRm 10, 1).

IV. La oración de acción de gracias

2637 La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.

2638 Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas de san Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y el Señor Jesús siempre está presente en ella. “En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5, 18). “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col 4, 2).

V. La oración de alabanza

2639 La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término: “un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Co 8, 6).

2640 San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los Hechos de los Apóstoles: la comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el tullido curado por Pedro y Juan (cf Hch 3, 9), la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los gentiles de Pisidia que “se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor” (Hch 13, 48).

2641 “Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5, 19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2, 6-11;Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta “maravilla” de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27;Ef 3, 20-21; Judas 24-25).

2642 La revelación “de lo que ha de suceder pronto” —el Apocalipsis— está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap 4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la intercesión de los “testigos” (mártires) (Ap 6, 10). Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18, 24), la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19, 1-8). En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al “Padre de las luces de quien desciende todo don excelente” (St 1, 17). La fe es así una pura alabanza.

2643 La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración: es la “ofrenda pura” de todo el Cuerpo de Cristo a la gloria de su Nombre (cf Ml 1, 11); es, según las tradiciones de Oriente y de Occidente, “el sacrificio de alabanza”.

Resumen

2644 El Espíritu Santo que enseña a la Iglesia y le recuerda todo lo que Jesús dijo, la educa también en la vida de oración, suscitando expresiones que se renuevan dentro de unas formas permanentes de orar: bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza.

2645 Gracias a que Dios le bendice, el hombre, su corazón puede bendecir, a su vez, a Aquel que es la fuente de toda bendición.

2646 La oración de petición tiene por objeto el perdón, la búsqueda del Reino y cualquier necesidad verdadera.

2647 La oración de intercesión consiste en una petición en favor de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos.

2648 Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de gracias, la cual, participando de la de Cristo, debe llenar la vida entera: “En todo dad gracias” (1 Ts 5, 18).

2649 La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para Él y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque ÉL ES.

Extracto tomado de: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a3_sp.html

El Abandono de la Propia Voluntad, Camino de Comunión con Dios

El Santo Abandono es el acto mas perfecto de amor a Dios que un alma pueda producir... El que da a Dios su voluntad se da así mismo y da todo... Esta es la manera más noble, más perfecta y más pura de amar... Más si el abandono perfecciona las virtudes, perfecciona también la unión del alma con Dios...”[1]



I. Naturaleza:
“Consiste en una amorosa, entera y entrañable sumisión y concordia de nuestra voluntad con la de Dios en todo cuanto disponga o permita de nosotros. Cuando es perfecta se le conoce como Santo abandono.” [2]

El abandono en las manos del Señor requiere de sufrimiento, pero debe ser llevado con amor y la confianza que Dios nos esta purificando, para unirnos a El. Esta unión con El no puede darse sino nos despegamos de nosotros mismos, sino curamos nuestro orgullo y no nos sometemos a El con espíritu dócil y con decisión firme a abandonar nuestra voluntad para que El pueda gobernar nuestra vida.

San Ambrosio dice, "el que tiene por su porción a Dios, no debe tener otro cuidado que el de aplicarse a él, y todo cuanto se emplea en otra cosa es un robo que se hace al servicio y culto que se le debe.”[3] Este abandono tiene su fundamento en la caridad.

II. Excelencia:
“Lo que constituye la excelencia del santo abandono es la incomparable eficacia que posee para remover todos los obstáculos que impiden la acción de la gracia, para hacer practicar con perfección las más excelsas
virtudes y para establecer el reinado absoluto de Dios.”[4]

El Santo abandono es el que después de todo nuestro crecimiento en la vida de virtud, el que acabará de purificar y de despegar nuestra alma para dirigirla completamente a Dios.

III. Necesidad:
La necesidad de entrar por esta vía puede demostrarse por una triple razón:
1. El derecho Divino: a) Somos siervos de Dios. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios. b) Somos hijos y amigos de Dios. El hijo debe estar sometido a su Padre, por amor, y la amistad produce la concordia de voluntades.
2. Nuestra utilidad: por la gran eficacia santificadora de esta vía.
3. El ejemplo de Cristo: Toda la vida de Cristo en la tierra consistió en cumplir la voluntad del Padre.”[5]

“La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que El quiere que seamos”[6] Nuestro grado de perfección depende del grado de nuestra conformidad con la voluntad divina. La Fe nos hace conocer a Dios y nos muestra la bajeza de nuestra condición humana, más la conformidad a la voluntad de Dios une aún mas directamente e íntimamente nuestra voluntad con la de El, poniendo el alma al servicio completo del Soberano Dueño.

“Esta es la vía que mas glorifica a Dios, la que más santifica al alma, la menos sujeta a ilusiones, la que proporciona mayor paz al alma, la que mejor hace practicar las virtudes, la más a propósito para adquirir el espíritu de oración, la más parecida al martirio e inmolación de si mismo y la que asegura en la hora de la muerte.”[7]

IV. La Voluntad de Dios se manifiesta de dos maneras:
1- “La Voluntad de Signo: los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, los consejos, las inspiraciones de la gracia, y, por lo que toca a las comunidades, las Constituciones y las Reglas.”[8]

2-“La Voluntad de Beneplácito: Consiste en someterse a todos los acontecimientos providenciales queridos o permitidos por Dios para nuestro mayor provecho y santificación.”[9]

V- Grados de conformidad con la voluntad de Dios
“San Bernardo distingue tres grados, los correspondientes a la perfección Cristiana:
1- El incipiente: Movidos por el temor, lleva la cruz de Cristo pacientemente
2- El proficiente: movido por la esperanza, la lleva con cierta alegría.
3- El perfecto: consumado en la Caridad, se abraza con ella ardientemente.”[10]

VI- Frutos del Santo Abandono
1- Intimidad con Dios. Es el primer fruto que produce el abandono, fundada en una confianza llena de humildad en Dios. Al depositarnos confiadamente como un niño en las manos de su madre, El no nos abandonará, pues El mismo lo dijo en (Mt 19, 14): “Dejad que los niños vengan a mi, y de los que se les asemejan es el reino de los cielos.”

“Cuando el hombre está muy penetrado del amor de Dios, y aspira al Señor con toda la extensión de sus deseos, no repara en las cosas visibles, y tiene continuamente delante de los ojos de su alma, de día y de noche, al acostarse y al levantarse, la imagen de aquel objeto amado que quiere y desea.”[11] S. Juan Crisóstomo­
El Santo abandono nos hace reconocer nuestra nada y esperarlo todo de El , dejando que sea El quien conduzca nuestra vida y El que nos lleve a la santidad.

2- Sencillez y libertad. El alma que se abandona a la voluntad de Dios es sencilla, ya este enferma o sana, con tiempo o este ocupada, sea alagada o humillada, lo recibe todo venido de las manos de Dios.

"Grande fuerza alcanza el verdadero amor y el que es perfecta­mente amado, se apodera de toda la voluntad del amante: nada manda tanto como la caridad. Nosotros, si de veras amamos a Cristo, si nos acordamos de que estamos redimidos con su sangre, ya no debemos querer, ni hacer sino lo que sabemos que El quiere.”[12] S. Paulino

El alma encuentra su libertad en cumplir y aceptar lo que Dios le mande. Ya que su libertad consiste en querer todo lo que Dios quiere, sin inclinarse voluntariamente a otro lado, sin detenerse a considerar sus propios deseos, consiente de ante mano en todo lo que le acontezca, de manera que llega un punto en que su voluntad esta tan unida a la de Dios que acepta con gran libertad todo lo que es venido de su parte. El abandono nos libera de los hombres y de nosotros mismos, deseando complacer sólo a Dios.

3- Constancia y sinceridad. "El que ama verdaderamente a Dios debe conservar inviolable­mente este amor en cualquier estado que se halle... Cierto que sería muy poco amor el que solo durase el tiempo que Dios os colma de toda especie de beneficios.”[13] S. Ambrosio

Llegando el alma a confiar tanto en Dios no se engríe si hay triunfos no se abate si hay derrota, pues teniendo todo como venido de Dios se lanza con espíritu fuerte a realizar la voluntad de Dios.

Es vivir la vida en un auténtico desprendimiento, como lo dice San Francisco de Sales No pedir nada, ni rehusar nada.

4- Paz y alegría. La paz y la alegría constituyen aquí en la tierra la verdadera felicidad, y es proporcionada al alma que se abandona completamente a Dios. El alma al estar conforme a la voluntad de Dios encuentra reposo, y aunque este pasando por numerosas pruebas el alma es semejante a un río caudaloso, en que no se turba por muy dura que sea la prueba pues esta consciente que todo es venido de las manos de Dios.

El hecho de saber el alma que esta cumpliendo la voluntad de Dios, la llena de mucha paz y alegría que solo el alma misma puede comprender. El Santo Cura de Ars decia, “La cruz es quien ha dado la paz al mundo, es ella quien ha de traerla a nuestros corazones. Todas nuestras miserias vienen de que no las amamos...”[14]

5- Muerte santa y valimiento cerca de Dios.El Santo abandono nos asegura una buena muerte pues como dice santa Teresita del Niño Jesús: “Yo no he dado a Dios sino mi amor. El me devolverá amor. El cumplirá todos mis deseos en el cielo, porque yo no he hecho jamás mi voluntad en la tierra.”[15]

El alma abandonada a la voluntad de Dios espera la muerte como el momento en que su alma reposará para siempre en los brazos de su Dueño. Abandonada en Dios acepta este momento, sin temor de que el Señor la desamparará.

“San Ignacio de Loyola se derretía en lágrimas cada vez que pensaba que la muerte le abriría las puertas del cielo. Tenía tal deseo de unirse a Dios, que, en su última enfermedad, los médicos le prohibieron pensar en la muerte; porque este pensamiento le enardecía tanto, que le hacía palpitar violentamente su corazón, poniendo en peligro su vida.”[16]
Fundamentos del Santo Abandono, Comunión con Dios

I- El Desasimiento
San Gregorio: “Cuando el alma con esforzado ahínco tiende a Dios, todo lo que hay de amargo en esta vida lo juzga dulce; todo lo que la aflige tiénelo por descanso, y desea morir por gozar mas plenamente de la vida.”[17]

El desasimiento de nuestra voluntad por muy despegada que esté de nosotras conllevará dolor y desgarramiento, debido a nuestra condición humana, pero no hay otro camino para alcanzar un abandono total en Dios. Para llegar al abandono es necesario un desasimiento previo de nuestro querer.

"Nada parece duro a los que aman; nada es difícil cuando se vence por llegar a lo que se desea. ­ Amemos a Jesucristo y procuremos con fervor unirnos con El, y las cosas más difíciles nos parecerán muy fáciles, y todo lo que ahora es largo, se nos hará muy corto. S. Jerónimo­"[18]

El abandono es unión total y conformidad a la voluntad de Dios hasta el extremo de estar dispuestos de antemano a dejar todo y recibir con amor todo lo que El mande. Confiar y esperar tranquilamente los acontecimientos que El ha destinado para nuestra salvación y luego aceptarlos con sumisión fiel y amorosa. Dios es Supremo Rey y como tal tiene autoridad para disponer de nosotros como El desee. El puede probarnos tanto exteriormente, como interiormente, por eso es necesario que nuestro ser esté desapegado de todos estos bienes para que este pronto a responder conforme a su voluntad.

Para lograr este desprendimiento es necesaria la obediencia y la humildad. Es encontrar a Jesús en el olvido total de nosotros mismos, escucharle, obedecerle y con humildad adentrarnos en el camino que El ha delineado para nuestra perfección. Es morir una vez y otra vez a nuestra voluntad para quedar completamente unidos a El.

El alma no puede volar con libertad a los brazos de Jesús si las voluntades están atadas a la carne, debe cortar todo aquello que le impida volar con libertad al fin que Dios le tiene deparado y llegar a la íntima unión con El.

II- La Fe y Confianza en el Plan Divino

“La Fe: Es una virtud sobrenatural por la que, con la inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por El ha sido revelado; no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos”[19]

“Obediencia de la Fe: Cuando Dios revela se le debe la obediencia de la Fe, por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace.”[20]

“Creer quiere decir abandonarse en la voluntad de la Palabra misma del Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente cuan insondables son sus designios e incalculables sus caminos.(Rom. 11,33)”[21]

Para tener comunión con Dios es indispensable tener Fe en lo que El nos pide y dispone para cada uno de nosotros. Los ejemplos más grandes de fe, de abandono a la voluntad de Dios y de comunión con Dios son Abraham y la Santísima Virgen María. “Por la fe de Abraham se constituye el comienzo de la Nueva Alianza... Por su fe fue hecho padre de muchas naciones. 'El esperó contra toda esperanza.'”[22]

La fe de Abraham hacia el plan que Dios había puesto en sus manos es la que abrió paso a la preparación de la Nueva Alianza. Abraham fue hecho padre de la Fe por su abandono a la voluntad de Dios y por su comunión íntima con Dios.

La fe es el medio por el cual Dios comunica al hombre su voluntad y por medio de la cual respondemos y debemos de perseverar.La Virgen María es el Modelo perfecto del abandono en las manos del Señor, por su docilidad y entrega es que el Señor pudo hacer Maravillas en ella. “La fe de la Santísima Virgen María en la Anunciación da comienzo a la Nueva Alianza... María después de haber manifestado su condición de virgen, creyó que por el poder del Altísimo, por obra del Espíritu Santo se convertiría en la Madre del Hijo de Dios.”[23]

Toda la vida de la Virgen María nos muestra ese completo abandono a la voluntad del Señor, y la comunión con su plan. Desde la Anunciación hasta el Calvario la voluntad de la Virgen estuvo en completo abandono a la voluntad del Padre. Para ser colaboradores con el plan de Dios debemos ante todo creer que El puede hacer maravillas en nosotros; tener comunión con su voluntad y perseverar en esta comunión. Todo es imposible si anteponemos nuestro deseo y voluntad.

Así como vemos el abandono de Abraham y de la Virgen María, este mismo ejemplo lo podemos encontrar en la vida de todos los Santos.

Santa Teresa de los Andes: “Lo único que quiero para ti es que cumplas la voluntad de Dios. Abandónate a ella con sencillez filial y repite siempre esta máxima de Santa Teresa, aún en las circunstancias mas difíciles: “Dios sabe y el me ama.” [24]

El Señor presenta un plan que El desea se lleve a cabo con nuestra cooperación, solo pide confianza en ese plan y abandono de la voluntad para llevarlo a cabo. La Fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; por medio de la cual unimos nuestro entendimiento y voluntad a todo aquello que Dios revela. Pero, “para dar respuesta de fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad.”[25]

Si no estamos en gracia con Dios nunca podremos escuchar su voluntad. El estado de gracia es semejante a una ventana donde los rayos del sol penetran sin encontrar ningún bloqueo que opaque la luz del sol, penetrando completamente e iluminando todo el lugar, dándole libertad al espíritu que nos inunde con su Sabiduría y nos mueva con diligencia a responder con generosidad al plan de Dios. Cuando perdemos la gracia los rayos del sol llegan a la ventana pero no penetran en el cuarto porque hemos puesto como una cortina que bloquea la luz. Por eso para poder ver y entender la voluntad de Dios es necesario estar en gracia, y no rebelarnos a su voluntad.

No es contrario a nuestra propia dignidad presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y voluntad a Dios y entrar así en íntima comunión con El. Sin la fe es imposible agradar a Dios. La fe en Dios puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. Dios prueba nuestro amor y nuestra entrega. Y es ahí donde nos sentimos débiles donde El encuentra su mayor gloria. Es en estos momentos de desolación y de sufrimiento que debemos encontrar en El la fortaleza y hacer todo para la mayor gloria de El. Aceptando con paciencia y perseverancia todo lo que El nos mande, abandonándonos completamente a El. Lo podemos ver en Cristo, donde Dios manifestó su omnipotencia de la manera mas misteriosa: en la muerte y Resurrección de Cristo.

La Pasión es obra de Dios. Y aún más, es su obra maestra, pues en ella muestra el extremo de su amor a los hombres, dando a su único Hijo para la salvación de la humanidad; y el extremo del amor del Hijo, hecho obediente a la voluntad del Padre y entregado hasta el extremo por amor a los hombres.

Dios utiliza los métodos mas incomprensibles a la razón humana para atraernos hacia si. Y para hacer ver que todo es obra de El y que nada podemos sin El. Jesús no pide grandes cosas, ni acciones extravagantes para santificarnos, El solo pide abandono, confianza en su plan y agradecimiento a todo lo que El nos da. "Porque Dios nos ama mucho, permite que seamos afligidos en este mundo, con el fin de unirnos más perfectamente consigo... por el ardiente amor que nos tiene, cuando para unirnos más estrechamente consigo, permite que estemos reducidos a la necesidad de recurrir continuamente a su gracia...”[26] S. JuanCrisóstomo.

Solo la fe puede adherirnos a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. Esta fe se gloría de nuestras debilidades con el fin de atraer sobre nosotros el poder de Cristo. Es unir nuestros deseos y ambiciones a los deseos y ambiciones que Dios tiene para nosotros, con un espíritu dócil y deseoso de que se cumpla su plan en nosotros. Es como dice San Pablo considerar todo como basura con tal de obtener esa unión con Cristo.

Dios anhela esa íntima unión con el hombre y desde la eternidad Dios lo creó para ese fin, para tener esa íntima unión con El. Fuimos creados para amar a Dios y para encontrar en El nuestra plenitud y nuestro fin. Para alcanzar esa íntima comunión, Jesús pide un abandono filial en la Providencia del Padre Celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos: “no andéis, pues preocupados diciendo ¿qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ... Buscad primero su Reino y su Justicia, y todas las cosas se os darán por añadidura.” (Mt 6,31-33).

La fe nos ayuda a desprendernos de todo aquello que nos aleja de cumplir la voluntad de Dios ya revelada a nosotros, y dirige nuestro ser a buscar todo aquello que le da mayor gloria a Dios, a confiar y esperar en El. La actitud cristiana justa, consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia divina aceptando como de sus manos todo aquello que El nos envía para purificar nuestra alma y acercarnos a El. Dios da a cada quien conforme lo que el alma necesita y la va a llevar a la santidad. Pues su voluntad es que todos sus hijos se salven. Como dice la Escritura, “Todo coopera para el bien de los que aman a Dios”(Rm8,28).

Santa Catalina de Siena: “a los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede: Todo procede del amor, todo esta ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin.” [27]

Santo Tomás Moro poco antes de su martirio, consuela a su hija diciéndole: “Nada puede pasarme que Dios no quiera.Y todo lo que EL quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor.” [28]

La fe es la primera disposición del alma y el cimiento de la vida sobrenatural, nos hace ver las cosas desde un punto divino; torna el abandono mas fácil, pues solo con una Fe viva y arraigada puede el alma elevarse a la vida unitiva con Dios. “Nada sucede en nuestra vida por movimientos al acaso, sabedlo bien todo cuanto acontece contra nuestra voluntad no sucede sino en conformidad con la voluntad de Dios, según su Providencia y el orden que El tenía determinado, el consentimiento que El da y las leyes que ha establecido”[29]

Dios al guiar a sus criaturas, no les manifiesta sus designios; ellas van y vienen cada cual en su camino. El plan del Señor es diferente para cada uno, pues todos tenemos necesidades y grado de amor diferente, El utiliza el camino perfecto para nuestra santificación, y esa debe ser nuestra confianza, nada de lo que nos sucede esta fuera del plan de Dios.

Nunca debemos poner en duda el plan que Dios ha trazado para cada uno. Creamos sin dudar en la infinita Sabiduría de Dios, en su poder. Por numerosas y difíciles que sean las pruebas hagamos siempre lo que la Providencia de Dios desea, abandonémonos confiados en el plan que El ha trazado para nosotros, pues lo único que haría fracasar los designios por los cuales Dios desea santificarnos serían nuestra falta de confianza y nuestra falta de sumisión, pues El nunca obrará en contra de nuestra voluntad.

III- El Amor de Dios , El Amor de Jesús y El Ejemplo de Jesús
El amor es el vínculo que une a la criatura con Dios y con las demás criaturas, solo por medio del amor, de sentirnos realmente amadas por Dios y el amarlo a El es que nuestra alma logrará llegar al Santo abandono, pues el que vive del amor, vivirá también del abandono.

El abandono es un continuo morir de nosotros mismos, por tanto requiere de un amor ardiente a su voluntad. Sólo por el amor logra el alma darse hasta el extremo, sin división ni reservas. Dice Santa Teresa: “Tal es la fuerza del amor cuando es perfecto; llega a olvidar toda ventaja y todo placer personal para no pensar sino en satisfacer a Aquel que nos ama.”

San Francisco de Sales:“ Si es únicamente a mi Salvador a quien amo, ¿Por qué no he de amar tanto el Calvario como el Tabor, puesto que se halla tan realmente en uno como en el otro?”[30]

Toda la vida de Jesús es una ofrenda al Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”[31] en virtud de esta voluntad del Padre cumplida a totalidad por Cristo, es que fuimos santificados. Desde el primer instante de la Encarnación Jesús acepta libremente el amor redentivo del Padre llevándolo en su Corazón; amó a los hombres hasta el extremo y nos hizo saber lo infinito de su amor, al dar su vida por nosotros. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.”[32] Tanto en su pasión como en su muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres.

Este deseo de aceptar el designio del amor redentor del Padre anima toda la vida de Jesús. “Servir y dar su vida en rescate por muchos.”[33] "Después que el Señor dijo de sí mismo: Yo no vine a hacer mi voluntad, sino solamente la de mi Padre; es muy peligroso hacer su propia voluntad, aun en las cosas menores...”[34] S. Basilio

Para lograr abandonarnos a la voluntad de Dios y despojarnos de nuestra propia voluntad debemos aceptar con ánimo lo que el Señor pide, y bajo este ánimo por cumplir su voluntad encontrar la fuerza para serle fiel. Es ver en la voluntad de Dios un designio mayor de lo que en realidad para nosotros conlleva el llevarlo a cabo, Dios utiliza nuestra docilidad en la aceptación de su plan para sacar bienes mayores. Con esto no quiere decir que muchas veces el abandonarnos en las manos del Señor no será doloroso, pero al mismo tiempo lleno de gozo porque estamos cumpliendo su voluntad y es lo único que nos llevará a una mayor comunión con El.

La agonía de Jesús en el huerto nos presenta la totalidad del abandono de Jesús y su completa comunión con la voluntad del Padre."Padre mío, si es posible, que pase de mi este cáliz...pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya.”[35] Cristo no hubiera podido realizar el plan de salvación sino hubiera unido su voluntad a la del Padre.

Todo lo que vivió Cristo hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en nosotros. Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y misterios de Jesús, y pedirle con frecuencia que los realice y los lleve a la plenitud en nosotros y en toda la Iglesia.Cristo es nuestro ejemplo a seguir, y la plenitud a la que el Padre nos quiere llevar, pero para esto debemos abandonar nuestra voluntad y abrazarla a la de El para que adquiramos esta comunión a la que todo ser humano esta llamado a tener con Dios. Es pura misericordia de Dios el querer unirnos a El y el hacernos partícipes de su plan.

La docilidad de corazón y la completa apertura a su plan es lo que hace que florezca esa intimidad con Dios. Es como si nosotros deseáramos ayudar a una persona en algo, pero cada vez que esa persona nos pide algo nosotros deseemos imponer nuestra voluntad y la manera en como debe ser realizado, sin dejar que las cosas se realicen como ya ella lo tenía estipulado. Lógicamente que hará mas difícil el poderlo realizar, que si con una actitud sumisa nos sometemos simplemente a ayudar a la persona cumpliendo lo que ella desee, entrando en comunión con su plan.

El completo abandono de Jesús a la voluntad del Padre es lo que nos hace a nosotros partícipes de la salvación. Cristo por el mismo amor que lo movía a entregarlo todo, todo lo hizo perfectamente y sin queja alguna, sino siempre viendo lo que mayor fruto podía producir en las almas y lo que mayor gloria daba al Padre. “Cristo reservó algunas gotas de su preciosa sangre para derramarla después de haber entregado su Espíritu, y manifestar así que su amor era mas fuerte que la muerte. Salió agua y sangre de su costado; Sangre: precio de la redención y símbolo de la Eucaristía; Agua: símbolo de regeneración y Bautismo.”[36]

¿Que hubiera sido de nosotros si Jesús se hubiera resistido a cumplir el plan de Dios? ¿Que hubiera sido de nosotros si El en medio de su sufrimiento se hubiera reservado el dolor que iba a padecer en la Eucaristía al verse de igual manera que en su Pasión, despreciado, olvidado e incluso ultrajado? OH Jesús que prueba de amor tan grande encierra el traspaso de tu Sagrado Corazón, que abismo de misericordia, que prueba de abandono a la voluntad del Padre. Es en el traspaso de tu Corazón donde esta la fuente infinita de tu amor en donde nos demuestras que para llegar a amar hay que dar hasta la última gota, no reservarse nada para si.

Cristo padeció por nosotros, no solo su pasión, sino que después de muerto sigue padeciendo por toda nuestra frialdad e indiferencia. Al conocer esto es que debemos determinarnos a amarlo, Jesús anhela nuestro amor y nuestro abandono en El. Esta sediento de nuestro amor, de que lo amemos sin medida para saciar su sed y para que nosotros logremos unirnos a El de una manera íntima. Jesús desea nuestro corazón libre de todo lo que lo separe de El. Por eso como dice San Alfonso: “Cuando un corazón está lleno de tierra, el amor de Dios no encuentra lugar; y cuanto más permanezca pegado a la tierra, menos reinará en él el amor divino, porque Jesucristo quiere poseer todo nuestro corazón y no toleraría ningún rival. En fin, el amor de Dios es un amable ladrón que nos despoja de todas las cosas terrenas.”[37]

Uno de los pasajes que narra explícitamente la sed que el Señor tiene de nuestro amor es el pasaje de la Samaritana donde El le pide de beber(Jn 4,7). El Corazón del Señor palpita en estos tiempos diciéndonos tengo sed de tu amor, pon tu confianza en Mi que soy la fuente de agua viva.

El abandono en las manos del Señor, nos llevará a dejarlo todo por alcanzar esta íntima participación de amor con El, y el buscar con anhelo el padecer por saciar su sed. Todo hombre que se abre al amor, debe abrirse al sufrimiento no hay otro camino pues es el marcado por nuestro Maestro que nos llama diciéndonos: “quien quiera venir en pos de mi, niéguese a si mismo, cargue su Cruz y sígame.”

Jesús nos dice que todo aquel que quiera seguirle debe cargar su Cruz, pero esta cruz tiene una particularidad, no la elegimos nosotros, es Dios mismo quien la elige y nos la diseña según nuestra capacidad y según hayamos crecido en nuestro abandono en El, no es sólo cargar la cruz, sino también el negarnos nuestros deseos, nuestros proyectos, y anteponer ante todo esto el plan que Dios tiene para cada uno aceptándolo con amor y deseándolo igual que El.

No podemos crecer en amor a El si no aceptamos nuestras cruces, si no nos abandonamos, y no nos abrimos a amarla. Dios nos prueba pero al mismo tiempo nos da la fuerza para sobre llevarla. Dios no desea otro camino para nuestra santificación que el de padecer y sufrir, pero el amor dulcifica el padecimiento y hasta lo busca y lo desea. La voluntad de Dios es que en nuestra vida seamos otro Cristo para eso vino El al mundo, para Redimirlo y para que el hombre tuviera como una guía de la perfecta entrega. Por medio de la Divinidad de Cristo es por donde nuestra alma puede penetrar en los grandes misterios de Dios ya que El siendo Cabeza comunica la vida a nosotros que somos el cuerpo. Debemos seguir su ejemplo en todo, aprender a vivir como el vivió y desear esa unidad de espíritu que El tuvo con el Padre durante su vida aquí en la tierra y tiene ahora en el cielo, cumpliendo la voluntad del Padre, quedándose como alimento vivo en la Eucaristía donde muchas veces no apreciamos su presencia. Es este el abandono que El nos pide el que el vivió por nuestra redención y El que aún vive a expensas del hombre en la Eucaristía. Donde nos muestra el abandono total por amor, y el deseo de redimir y de atraer mayor cantidad de almas hacia sí.

Podemos notar también aquí el ejemplo del silencio en el abandono, Jesús durante su pasión no dijo ni una sola palabra que pusiera en evidencia lo que El padecía, no buscó nunca su defensa, su deseo era cumplir la voluntad del Padre. En la Eucaristía vemos como El en medio del silencio de su dolor por la humanidad enriquece nuestras almas y nos transmite ese amor que nos tiene.

Viendo el amor que Dios nos tiene, el que nos tiene Jesús y el ejemplo que El nos da debemos abrir nuestro corazón para aceptar todo lo que El nos mande pues es la manera como nos unimos a El y que su voluntad se puede cumplir en nosotros, el amor es la llave que hace que depositemos nuestra confianza en su plan y el único medio para alcanzar una unión íntima con El.

“Un día Nuestro Señor muestra a Santa Gema Galgani sus cinco llagas abiertas, y le dice: Mira, hija mía, y aprende a amar. ¿Ves esta cruz, estas espinas y estos clavos, estas carnes lívidas y estas heridas y llagas? Todo es obra del amor y de un amor infinito. Hasta este punto te he amado. ¿Quieres tú amarme de verdad? Aprende ante todo a sufrir; es el sufrimiento quien enseña a amar.”[38]

Así como en Cristo la obediencia y abandono en el Padre están fundamentados en el amor, así nuestro abandono y obediencia en su plan deben estar fundamentados en el amor a Cristo. Llegar a tal punto de amor que nos una de una manera que todo lo que El pasó lo deseemos pasar también nosotros.

El ejemplo de Cristo es el mayor libro que tenemos para aprender a despojarnos de nosotros mismos para acatar la voluntad de Dios al extremo y de hacerla a la perfección.

Aspectos que nos ayudan a crecer en abandono y una mayor unión con Dios.

I- La Cruz y el Sufrimiento
“El sufrimiento, en efecto, es siempre una prueba a la que es sometida toda la humanidad... Quienes participan en los sufrimientos de Cristo tienen ante los ojos el misterio pascual de la cruz y de la resurrección....”[39]

“Que extraña ilusión sufrimos: no queremos sacrificarnos porque nos parece que, si hacemos esos sacrificios perdemos nuestra felicidad; y sin embargo sucede todo lo contrario; sacrificándonos para alcanzar el amor de Dios, encontraremos la única felicidad.”[40]

El sacrificio es una de las formas como podemos consolar a Nuestro Señor participando de sus dolores internos, cosa propia del espíritu de Cruz. Una vez que el alma a crecido en este santo abandono permanece íntimamente unida a todo lo que desea, sufre y anhela el Corazón de Jesús y se hace fiel reparador de sus sufrimientos internos.

No podremos consolarlo a plenitud si nuestra voluntad no es dócil a todo lo que El nos pide, pues una vez despegados de nuestros deseos nuestras facultades estarán al servicio de Su Corazón. Por tanto la mayor prueba de nuestro perfecto abandono son los momentos de Cruz. Podemos decir con esto que:
-La Cruz purifica, es el primer nivel de los efectos que hace la cruz en el alma que la abraza con paciencia.
-La cruz ilumina, a fuerza de cruces es como nuestro espíritu llega a iluminarse.
-La cruz une solo en la Cruz es donde realmente encontramos a Cristo. Este camino de unión es duro, sembrado de espinas, pero es por ahí donde el alma llega al palacio del gran Rey.
-La cruz transforma, después de la unión con Dios el alma debe poco a poco semejarse a Cristo. El dolor transforma, y al participar de los dolores de El nos vamos asemejando más y más a El. Pues como hemos dicho antes el dolor unido al de Cristoredime y el alma que participa ofreciéndole al Señor todos sus malestares por el bien de otros, actúa en similitud a Cristo, coopera con el misterio de la Redención. Participando de los dolores internos de Su Corazón.

Siempre debemos tener presente durante nuestros momentos difíciles que no estamos solos que todo lo que sufrimos lo sufrimos en unión con Cristo. El sufre junto con nosotros. Jesús lleva en su corazón todos los dolores del mundo junto con todos los pecados de los hombres. El dolor del Corazón de Jesús es infinito pero más infinito es su amor. Al analizar esto nuestra alma debe disponerse a desear ayudarle a aliviar, mitigar el dolor que El padece y ver en El un ejemplo para sufrir y padecer por la humanidad.

El dolor une, y el ver el sufrimiento de otro conmueve el alma y la lleva a brindarse en ayuda, auxilio de los demás. Que más cuando tomamos conciencia de lo que este Corazón, infinito en amor, pero lleno también de dolor nos pide que le ayudemos a mitigar su dolor. El alma abandonada en la Voluntad de Dios no solo acepta lo que El mande, sino que ella misma desea y busca sufrir por amor a El. Y se hace tan perceptivo ese amor y unión que la lleva a conocer por qué sufre el Señor. Aprende a escuchar los latidos del dolor interno de Su Corazón.

La cruz es el momento donde probamos que tan desprendida está nuestra voluntad de nuestros deseos y proyectos, y al mismo tiempo es el momento para unirnos mas y mas a su Voluntad. “Seamos hostias de alabanza a la Santísima Trinidad, ¿Cómo? Cumpliendo en cada instante la voluntad de Dios”[41]

II- La Oración
San Juan Damasceno:“La oración es la elevación del alma a Dios”[42] Esta elevación es una expresión de nuestra adoración a Dios, donde le reconocemos como Supremo Rey y es una condición indispensable para poder obedecer los mandamientos de Dios. Es preciso orar sin desfallecer.
(Lucas 18,11)

La oración es una relación de alianza entre Dios y el hombre en Cristo, brota del Espíritu Santo y de nosotros. La vida de oración se caracteriza por que el alma esta habitualmente en la presencia de Dios y en comunión con El. La oración es regalo de Dios, pues es iniciativa de El y respuesta del hombre.

Una ves decidido el corazón a convertirse, aprende a orar en la fe, buscándolo en el silencio de su corazón, escuchándole y obedeciéndole. Por medio de la oración es que el Señor nos va enriqueciendo con su Sabiduría y va uniendo el alma hacia El.

Por medio de la oración podemos descubrir cual es la voluntad de Dios y obtener constancia para cumplirla, como nos enseña Jesús durante toda su vida se mantuvo en oración, siempre se retiraba a orar lo podemos leer en muchos de los pasajes de la Escritura. Por la oración es donde escuchamos la voluntad del Padre y dispone el alma a cumplirla.

Bibliografía

[1] El Santo abandono, Lehodey, pág. 508-509.
[2] Royo Marín Teo. De la Perfección Cristiana. pág. 768
[3] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.78
[4] Teo. De la Perfección Cristiana Royo Marín pág. 771
[5] Teo. De la Perfección Cristiana Royo Marín pág. 771
[6] Santa Teresa del Niño Jesús Historia de un Alma, pág. 15 cap. I
[7] Royo Marín Teo. de la Perfección Cristiana. pág 771
[8] Compendio de la Teología Ascética y Mística Ad. Tanquerey pág. 260
[9] Compendio de la Teología Ascética y Mística Ad. Tanquerey pág. 263
[10] Compendio de la Teología Ascética y Mística Ad. Tanquerey pág. 267
[11] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.10
[12] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.31
[13] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.30
[14] El Santo abandono, Lehodey, pág 533
[15] El Santo abandono, Lehodey, pág 544
[16] Teología de la Salvación, Royo Marín. pág. 267
[17] Ejercicio de perfección y virtudes Cristianas P. Alfonso Rodríguez pág. 503.
[18] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.30
[19] Concilio Vaticano I
[20] Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, núm. 5.
[21] Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
[22] Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
[23] Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
[24] Así Pensaba Santa Teresa de los Andes pág. 61-142
[25] Catecismo de la Iglesia Católica 153
[26] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.32
[27] Santa Catalina de Siena, Dialoghi, 4,138
[28] Santo Tomás Moro, Carta de prisión; cf. Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio.
[29] San Agustín, Enarr. In . Psalmis, 148, 12.
[30] Lehodey, El Santo Abandono, pág. 138
[31] Jn 6,38
[32] Jn15,13
[33] Mc 10,45
[34] Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.76
[35] Mt 26,39
[36] Fulton Sheen Vida de Cristo, Pág. 441
[37] El Santo Abandono, Lehodey, pág. 506
[38] El Santo Abandono, Lehodey. Pág 149.
[39] Salvifici Doloris 23 Juan Pablo II
[40] Vida interior del Corazón de Jesús pág. 228
[41] Así pensaba Teresa de los Andes pág. 57
[42] Teo. de la perfección Cristiana pág. 627 Royo Marín.

Laudetur Jesus Christus.
Et Maria Mater ejus. Amen

Tomado de: http://www.lovecrucified.com/catolico/espiritualidad/abandono_dios.htm 

domingo, 23 de agosto de 2015

Los milagros sucedieron, suceden y seguirán sucediendo para los que tienen Fe

MILAGROS

Definición
Etim: Latín miraculum, milagro, maravilla.

Un milagro es un efecto perceptible a los sentidos que sobrepasa los poderes de la naturaleza y de todo ser creado. Es por lo tanto una acción que solo puede ser de Dios y tiene como fin dar testimonio de la verdad. Dios actúa gratuitamente por amor para dar un signo o mensaje al hombre y una llamada a la conversión.

La creación está siempre bajo la guía providente de Dios. El generalmente realiza su obra valiéndose de las leyes que El mismo puso en la naturaleza, pero no está limitado a ellas.

Las Sagradas Escrituras, ya desde el Antiguo Testamento nos relatan muchos milagros (Moisés divide las aguas, Ex 14:21). Los mas importantes son los que hizo Jesucristo. Sus milagros manifiestan que El es verdaderamente Dios, ya que los hacía con su propio poder.

Discernimiento sobre Milagros
Padre Jordi Rivero
La Iglesia Católica cree que Dios hace milagros y que son signos de su amor y de su poder infinito sobre todas las cosas.
No solo hizo Dios milagros en tiempos bíblicos sino que suceden en la actualidad. "También hoy se obran milagros y en cada uno de ellos se dibuja el rostro del Hijo del hombre-Hijo de Dios y se afirma en ellos un don de gracia y de salvación" (Juan Pablo II, Audiencia general de SS Juan Pablo II, 18 de noviembre, de 1987>>>).
No debe confundirse un milagro con los efectos de la gracia santificante. Se le llama milagro cuando es un efecto perceptible por los sentidos que sobrepasa las leyes naturales.
Dios pone al alcance de cada uno todas las gracias necesarias para salvarse sin necesidad de milagros particulares para cada persona. Los milagros, cuando Dios los concede, son un fenómeno extraordinario que recibimos con gratitud y que nos beneficia si nos dispone para recibir gracias.
Los creyentes son libres para dar testimonio prudente de lo que han visto y oído. Pueden dar su opinión si consideran que se trata de un milagro, pero sujetos a la palabra final de la Iglesia.
El reconocimiento de un milagro por parte de la Iglesia solo lo puede otorgar la jerarquía. Esto ocurre tras una investigación rigurosa en la que intervienen expertos en la materia (médicos, científicos, tanto como teólogos).
La Iglesia no pretende investigar ni aprobar todos los milagros. Dios sin embargo ha querido que algunos milagros sean reconocidos por la Iglesia para confirmar una verdad. Ejemplos: Milagros que nos recuerdan la realidad sobre la Eucaristía, milagros asociados con alguna aparición mariana (ver Fátima), milagros que confirman la santidad de una persona en el proceso de canonización, etc.
Los milagros no se pueden ni programar, ni exigir. La fe del ministro o del enfermo no obliga a Dios a hacer un milagro. Si el milagro no ocurre no se debe concluir que el ministro o el enfermo tienen poca fe. ¿Acaso no habrá la Virgen María orado por protección para su Hijo contra toda agresión de sus enemigos? Sin embargo El murió en la cruz; ¿Acaso no rezó Jesús el Jueves Santo "aleja de mi este cáliz"?. Sin embargo Jesús murió en la cruz. Igualmente nosotros debemos abrazar la voluntad de Dios aunque sea contraria a nuestras expectaciones, aunque no se nos de el milagro que esperamos.
Los milagros tienen como propósito verificar la obra de Dios. Así los "milagros, prodigios y señales", como el mismo Jesús les había prometido (cfr. Hech 2, 22).
Un milagro puede ser anunciado por los mensajeros de Dios (la Virgen, santos, ángeles). Pero cuidado: El demonio puede engañarcon apariencias de milagro para arrastrar al error. Es mas, el demonio puede rodear esos fenómenos de apariencias piadosas para confundir. Es por eso la importancia de la aprobación de la Iglesia antes de guiarse por mensajes relacionados con milagros. La historia demuestra que los impostores abundan.
Los verdaderos discípulos de Cristo no hacen alarde de sus milagros sino mas bien imitan la humildad del Maestro. Esa humildad se prueba en la disponibilidad de abrazar la cruz. "Dijo Jesús a sus discípulos: ´´Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame´´" -Mateo 16,24. La gloria del Cristiano es la cruz: "Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles" -I Corintios 1,23.
Dios permite el sufrimiento de los santos y en la mayoría de los casos no hace el milagro sino que los ayuda a crecer en santidad por medio del sufrimiento. Veamos el ejemplo de San Pablo. Dios hizo milagros por medio de el, sin embargo el mismo Pablo sufrió mucho sin recibir curación: "Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. -II Corintios 12,7-9

Milagros de Jesús
Los milagros de Jesús pueden dividirse en cinco grupos: 1 -Sobre la naturaleza, 2-De curación física, 3-De liberación demoníaca, 4-Victorias sobre voluntades hostiles y 5- Resurrecciones

Milagros sobre la naturaleza: 9
Cambia el agua en vino en Caná (Jn 2).
Primera pesca milagrosa (Lc 5).
Calma la Tempestad (Mt 8; Mc 4; Lc 8).
Primera multiplicación de panes (Mt 14; Mc 6; Lc 9; Jn 6).
Camina sobre las aguas (Mt 14; Mc 6; Jn 6).
Segunda multiplicación de panes (Mt 15; Mc 8).
La moneda aparece en el pez (Mt 17:27).
Maldición de la higuera (Mt 21; Mc 1l).
Segunda pesca milagrosa (Jn 21).

Milagros de curación física

Jesús hizo muchísimas curaciones milagrosas en su vida pública. Hay referencias en los Evangelios a muchas curaciones que no son relatadas en detalle (Mt 4; Lc 4, 6; Mc 6), pero si se relatan 20 curaciones:
El hijo de un funcionario real (Jn 4).
La suegra de Pedro (Mt 8; Mc 1; Lc 4).
El leproso (Mt 8; Mc 1; Lc 5).
El paralítico (Mt 9; Mc 2; Lc 5).
El paralítico de Betesda (Jn 5).
Hombre de la mano paralizada (Mt 12; Mc 3; Lc 6).
El sirviente del Centurión (Mt 8; Lc 7).
El ciego (Mt 12; Lc 11).
La Hemorroísa (Mt 9; Mc 5; Lc 8).
Dos ciegos (Mt 9).
Endemoniado mudo (Mt 9).
El sordomudo (Mc 7).
Ciego de Betesda (Mc 8).
Niño lunático (Mt 17; Mc 9; Lc 9).
Ciego de nacimiento (Jn 9).
Mujer encorvada por espíritu inmundo (Lc 13:10-13).
Hombre hidrópico (Lc 14:1-4).
Diez leprosos (Lc 17).
Ciego de Jericó (Mt 20; Mc 10; Lc 18).
El siervo que perdió la oreja (Lc 22:51).

Milagros de liberación de endemoniados (exorcismos con manifestaciones físicas).
Las formulas generales para exorcizar (Mc 1) y el pasaje de Mt 8: 16 -"le trajeron muchos endemoniados"- demuestran que endemoniados eran numerosos en la vida pública de Jesús. Algunos casos fueron contados con detalle. Algunos de estos incluyen también curación física y por eso aparecen en la lista de arriba.
Endemoniado en Capernaum (Mc 1; Lc 4).
Sordomudo (Mt 12; Lc 1 l).
Geraseno (Mt 8; Mc 5; Lc 5).
Endemoniado mudo (Mt 9).
Hija de la mujer Syro-Fenicia (Mt 15; Mc 7).
Niña lunática (Mt 17; Mc 9; Lc 9).
Mujer encorvada por espíritu inmundo (Lc 13:10-13).

Victoria de Jesús sobre voluntades hostiles
En algunos casos en los que Jesucristo ejerció poder extraordinario sobre sus enemigos no está claro si fue por intervención de poder divino o por los efectos naturales de la ascendencia de su extraordinaria voluntad humana sobre la de aquellos hombres. En Jn7:30, 44; 8:20 los judíos no lo arrestan porque la hora no había llegado. En Jn 8:59, no lo arrestan porque se escondió. Hay dos casos en que parece que se trata del ejercicio de su poder: 1.Cuando saca los vendedores del Templo (Jn 2; Mt 21; Mc 11; Lc 19); 2. El episodio de su escape de la turba hostil en Nazaret (Lc 4).

Resurrecciones
Jesús respondió a los enviados de Juan Bautista: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva" (Mt 11; Lc 7). La forma general en que habla de resurrecciones hace pensar que Jesús resucitó a muchos mas de los tres que no aparecen en el Evangelio:

Hija de Jairo (Mt 9; Mc 5; Lc 5).
Hijo de la viuda de Naim (Lc 7).
Lázaro (Jn 11).

Milagros por intercesión de la Virgen

El primer milagro que nos relata el Evangelio, Las Bodas de Caná (Jn 2), ocurrió por intercesión de la Virgen María. La Virgen también estaba con los Apóstoles en Pentecostés, cuando se derramó el Espíritu Santo y se dieron muchos portentos milagrosos. La intercesión de la Virgen no se ha interrumpido en la historia de la Iglesia, mas bién en estos últimos tiempos está en aumento como lo demuestran apariciones y milagros por todo el mundo. La Iglesia no aprueba oficialmente sino unas pocas, pero estas son suficientes para demostrar que La Virgen María sigue haciendo milagros.

Ver: Los milagros de Lourdes, El Milagro del Sol en Fátima, La Rosa Mística... Sección de apariciones Marianas

PREGUNTA
Imágenes milagrosas
Estimado Padre,
Tomando en cuenta que las imágenes no son sino una representación de un santo, de María, o de Cristo; y que sólo nos han de animar a seguir al Camino llevando vidas ejemplares y confiando en la intercesión de aquellos a los que representan, ¿es correcto decir "la milagrosa imagen de "x" santo"?

RESPUESTA:
A una imagen se le llama "milagrosa" cuando es el instrumento escogido por Dios para hacer milagros. Aunque Dios no necesita instrumentos, ha querido asociar a los hombres en su obra. Las imágenes representan a la persona. Si una imagen de la Virgen es milagrosa es porque María fue el instrumento escogido por Dios. Ya en el A.T. hay muchos ejemplos, entre ellos el cayado milagroso de Moisés (cf. Ex. 7,10), El manto de Elías (cf. II Reyes, 2,8). El cayado y el manto eran milagrosos por asociación a los hombres que lo utilizaban. Estos hombres fueron escogidos por Dios.

Razones por llamar "milagrosa" a una imagen:
1- Su origen es milagroso. Por ejemplo: La Imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido sometida a la ciencia y se ha demostrado que no es obra humana. Ver: Santuario Guadalupe
2- En algún momento de su historia o en la actualidad la imagen se ha manifestado milagrosamente. Ejemplo: La Imagen de la Virgen de Guadalupe es un milagro que continúa ya que la tilma debía haberse desintegrado hace siglos. En ella se manifiestan varios milagros actualesVer>>.
3- La imagen es instrumento de Dios para hacer milagros. Aunque Dios no necesita instrumentos, se puede valer de ellos para hacer milagros. Ejemplo: Dios tomó polvo para hacer el hombre (cf. Gn 2,7), Jesús tomó saliva para curar al ciego (cf.Mc 7,33). En nuestro tiempo, varias imágenes de la Virgen Maria han llorado lágrimas y sangre. Otras imágenes milagrosa señalan la presencia de la Virgen que consigue de Dios grandes milagros. Ejemplo: Las bodas de Caná (cf. Jn 2). Una imagen milagrosa es la de "Salus Populi Romani", Roma.

Milagro de Gracia
Una extraordinaria conversión repentina e inesperada, de la ignorancia a la fe, de la duda a la certeza, del pecado a la santidad. No es por causas naturales sino por la intervención de la gracia divina, especial e inmerecida, mas allá de la obra ordinaria de la Providencia.

Ejemplos: San Pablo; Ratisbone.

EL MILAGRO EN LA CATEQUESIS DEL PAPA

El Milagro: Manifestación del poder divino de Jesucristo
Audiencia general de SS Juan Pablo II, 18 de noviembre, de 1987.

1. Si observamos atentamente los "milagros, prodigios y señales" con que Dios acreditó la misión de Jesucristo, según las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro el día de Pentecostés en Jerusalén, constatamos que Jesús, al obrar estos milagros y señales, actuó en nombre propio, convencido de su poder divino, y, al mismo tiempo, de la más íntima unión con el Padre.

Nos encontramos, pues, todavía y siempre, ante el misterio del "Hijo del hombre - Hijo de Dios", cuyo Yo transciende todos los límites de la condición humana, aunque a ella pertenezca por libre elección, y todas las posibilidades humanas de realización e incluso de simple conocimiento.

2. Una ojeada a algunos acontecimientos particulares; presentados por los Evangelistas, nos permite darnos cuenta de la presencia arcana en cuyo nombre Jesucristo obra sus milagros. Helo ahí cuando, respondiendo a las súplicas de un leproso, que le dice: "Si quieres, puedes limpiarme", El, en su humanidad, "enternecido", pronuncia una palabra de orden que, en un caso como aquél, corresponde a Dios, no a un simple hombre:"Quiero, sé limpio. Y al instante desapareció la lepra y quedó limpio" (cfr. Mc 1, 40-42).

Algo semejante encontramos en el caso del paralítico que fue bajado por un agujero realizado en el techo de la casa: "Yo te digo... levántate, toma tu camilla y vete a tu casa" (cfr. Mc 2, 11-12). Y también: en el caso de la hija de Jairo leemos que "El (Jesús)...tomándola de la mano, le dijo: «Talitha qumi», que quiere decir: «Niña, a ti te lo digo, levántate». Y al instante se levantó la niña y echó a andar" (Mc 5, 41-42). En el caso del joven muerto de Naín: "Joven, a ti te hablo, levántate. Sentóse el muerto y comenzó a hablar" (Lc 7, 14-15).

¡En cuántos de estos episodios vemos brotar de la palabras de Jesús la expresión de una voluntad y de un poder al que El se apela interiormente y que expresa, se podría decir, con la máxima naturalidad, como si perteneciese a su condición más íntima, el poder de dar a los hombres la salud, la curación e incluso la resurrección y la vida!

3. Un atención particular merece la resurrección de Lázaro, descrita detalladamente por el cuarto Evangelista. Leemos: "Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo, para que crean que Tú me has enviado. Diciendo esto, gritó con fuerte voz Lázaro, sal fuera. Y salió el muerto" (Jn 11, 41-44).

En la descripción cuidadosa de este episodio se pone de relieve que Jesús resucitó a su amigo Lázaro con el propio poder y en unión estrechísima con el Padre. Aquí hallan su confirmación las palabras de Jesús: "Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también" (Jn 5,17), y tiene una demostración, que se puede decir preventiva, lo que Jesús dirá en el Cenáculo, durante la conversación con los Apóstoles en la última Cena, sobre sus relaciones con el Padre y, más aún, sobre su identidad sustancial con El.

4. Los Evangelios muestran con diversos milagros y señales cómo el poder divino que actúa en Jesucristo se extiende más allá del mundo humano y se manifiesta como poder de dominio también sobre las fuerzas de la naturaleza.

Es significativo el caso de la tempestad calmada: "Se levantó un fuerte vendaval". Los Apóstoles pescadores asustados despiertan a Jesús que estaba durmiendo en la barca. El "despertado, mandó al viento y dijo al mar: Calla, enmudece. Y se aquietó el viento y se hizo completa calma... Y sobrecogidos de gran temor, se decían unos a otros: ¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (cfr. Mc 4, 37-41). En este orden de acontecimientos entran también las pescas milagrosas realizadas, por la palabra de Jesús (in verbo tuo), después de intentos precedentes malogrados (cfr. Lc 5, 4:6; Jn 21, 3:6).

Lo mismo se puede decir, por lo que respecta a la estructura del acontecimiento, del "primer signo" realizado en Caná de Galilea, donde Jesús ordena a los criados llenar las tinajas de agua y llevar después "el agua convertida en vino' al maestresala" (cfr. Jn 2, 7-9). Como en las pescas milagrosas, también en Caná de Galilea, actúan los hombres: los pescadores, apóstoles en un caso, los criados de las bodas en otro, pero está claro que el efecto extraordinario de a acción no proviene de ellos, sino de Aquel que les ha dado la orden de actuar y que obra con su misterioso poder divino. Esto queda confirmado por la reacción de los Apóstoles, y particularmente de Pedro, que después de la pesca milagrosa "se postró a los pies de Jesús, diciendo: Señor, apártate de mí, que soy un pecador" (Lc 5,8). Es uno de tantos casos de emoción que toma la forma de temor reverencial o incluso miedo, ya sea en los Apóstoles, como Simón Pedro, ya sea en la gente, cuando se sienten acariciados por el ala del misterio divino.

5. Un día, después de a ascensión, se sentirán invadidos por un "temor" semejante los que vean los "prodigios y señales" realizados "por los Apóstoles" (cfr. Hech 2, 43). Según el libro de los Hechos, la gente sacaba "a las calles los enfermos, poniéndolos en lechos y camillas, para que, llegando Pedro, siquiera su sombra los cubriese"(Hech 5, 15). Sin embargo, estos "prodigios y señales", que acompañaban los comienzos de la Iglesia apostólica, eran realizados por los Apóstoles no en nombre propio, sino en el nombre de Jesucristo, y eran una confirmación ulterior de su poder divino.

Uno queda impresionado cuando lee la respuesta y el mandato de Pedro al tullido que le pedía una limosna junto a la puerta del templo de Jerusalén: "No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy: en nombre de Jesucristo Nazareno, anda. Y tomándole de la diestra, le levantó, y al punto sus pies y sus talones se consolidaron" (Hech 3, 6-7). O, lo que es lo mismo, Pedro dice a un paralítico de nombre Eneas: "Jesucristo te sana; levántate y toma tu camilla. Y al punto se irguió" (Hech 9, 34).

También el otro Príncipe de los Apóstoles, Pablo, cuando recuerda en la Carta a los Romanos lo que él ha realizado "como ministro de Cristo entre los paganos", se apresura a añadir que en aquel ministerio consiste su único mérito: "No me atreveré a hablar de cosa que Cristo no haya obrado por mí para la obediencia (de la fe) de los gentiles, de obra o de palabra, mediante el poder de milagros y prodigios y el poder del Espíritu Santo" (15, 17-19).

6. En la Iglesia de los primeros tiempos, y especialmente esta evangelización del mundo llevada a cabo por los Apóstoles, abundaron estos "milagros, prodigios y señales", como el mismo Jesús les había prometido (cfr. Hech 2, 22). Pero se puede decir que éstos se han repetido siempre en la historia de la salvación, especialmente en los momentos decisivos para la realización del designio de Dios. Así fue ya en el Antiguo Testamento con relación al Éxodo de Israel de la esclavitud de Egipto y a la marcha hacia la tierra prometida, bajo la guía de Moisés. Cuando, con la encarnación del Hijo de Dios, llegó "la plenitud de los tiempos" (Gal 4, 4), estas señales milagrosas del obrar divino adquieren un valor nuevo y una eficacia nueva por a autoridad divina de Cristo y por la referencia a su Nombre (y, por consiguiente, a su verdad, a su promesa, a su mandato, a su gloria) por el que los Apóstoles y tantos santos los realizan en la Iglesia.

También hoy se obran milagros y en cada uno de ellos se dibuja el rostro del Hijo del hombre-Hijo de Dios y se afirma en ellos un don de gracia y de salvación.

Los Milagros: Signos del Amor de Dios
Audiencia general de SS Juan Pablo II el 9 de diciembre, de 1987.

1. "Signos" de la omnipotencia divina y del poder salvífico del Hijo del hombre, los milagros de Cristo --narrados en los Evangelios-- son también la revelación del amor de Dios hacia el hombre, particularmente hacia el hombre que sufre, que tiene necesidad, que implora la curación, el perdón, la piedad. Son, pues, "signos" del amor misericordioso proclamado en el Antiguo y Nuevo Testamento (cfr. Encíclica Dives in misericordia).

Especialmente, la lectura del Evangelio nos hace comprender y casi "sentir" que los milagros de Jesús tienen su fuente en el corazón amoroso y misericordioso de Dios que vive y vibra en su mismo corazón humano. Jesús los realiza para superar toda clase de mal existente en el mundo: el mal físico, el mal moral, es decir, el pecado, y, finalmente, a aquél que es "padre del pecado" en la historia del hombre: a Satanás.

Los milagros, por tanto, son "para el hombre". Son obras de Jesús que, en armonía con la finalidad redentora de su misión, restablecen el bien allí donde se anida el mal, causa de desorden y desconcierto. Quienes los reciben, quienes los presencian se dan cuenta de este hecho, de tal modo que, según San Marcos, "...sobremanera se admiraban, diciendo: «'Todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar»!" (Mc 7, 37: 2).

Un estudio atento de los textos evangélicos nos revela que ningún otro motivo, a no ser el amor hacia el hombre, el amor misericordioso, puede explicar los "milagros y señales" del Hijo del hombre. En el Antiguo Testamento, Elías se sirve del "fuego del cielo" para confirmar su poder de profeta y castigar la incredulidad (cfr. 2 Re 1, 10). Cuando los Apóstoles Santiago y Juan intentan inducir a Jesús a que castigue con "fuego del cielo" a una aldea samaritana que les había negado hospitalidad, El les prohibió decididamente que hicieran semejante petición. Precisa el Evangelista que, "volviéndose Jesús, los reprendió" (Lc 9, 55). (Muchos códices y la Vulgata añaden: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del hombre no ha venido a perder las almas de los hombres, sino a salvarlas"). Ningún milagro ha sido realizado por Jesús para castigar a nadie, ni siquiera los que eran culpables.

3. Significativo a este respecto es el detalle relacionado con el arresto de Jesús en el huerto de Getsemaní. Pedro se había prestado a defender al Maestro con la espada, e incluso "hirió a un siervo del pontífice, cortándole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Malco" (Jn 18, 10). Pero Jesús le prohibió empuñar la espada. Es más, "tocando la oreja, lo curó" (Lc 22, 51).Es esto una confirmación de que Jesús no se sirve de la facultad de obrar milagros para su propia defensa. Y confía a los suyos que no pide al Padre que le mande "más de doce legiones de ángeles" (cfr. Mt 26, 53) para que lo salven de las insidias de sus enemigos.

Todo lo que El hace, también en la realización de los milagros, lo hace en estrecha unión con el Padre. Lo hace con motivo del reino de Dios y de la salvación del hombre. Lo hace por amor.

4. Por esto, y al comienzo de su misión mesiánica, rechaza todas las "propuestas" de milagros que el Tentador le presenta, comenzando por la del trueque de las piedras en pan (cfr. Mt 4, 31). El poder de Mesías se le ha dado no para fines que busquen sólo el asombro o al servicio de la vanagloria. El que ha venido "para dar testimonio de la verdad"(Jn 18, 37), es más, el que es "la verdad" (cfr. Jn 14, 6), obra siempre en conformidad absoluta con su misión salvífica.

Todos sus "milagros y señales" expresan esta conformidad en el cuadro del "misterio mesiánico" del Dios que casi se ha escondido en la naturaleza de un Hijo del hombre, como muestran los Evangelios, especialmente el de Marcos. Si en los milagros hay casi siempre un relampagueo del poder divino, que los discípulos y la gente a veces logran aferrar, hasta el punto de reconocer y exaltar en Cristo al Hijo de Dios, de la misma manera se descubre en ellos la bondad, la sobriedad y la sencillez, que son las dotes más visibles del "Hijo del hombre".

5. El mismo modo de realizar los milagros hace notar la gran sencillez, y se podría decir humildad, talante, delicadeza de trato de Jesús. Desde este punto de vista pensemos, por ejemplo, en las palabras que acompañan a la resurrección de la hija de Jairo: "La niña no ha muerto, duerme" (Mc 5 39), como si quisiera "quitar importancia" al significado de lo que iba a realizar. Y, a continuación, añade: "Les recomendó mucho que nadie supiera aquello" (Mc 5, 43).

Así hizo también en otros casos, por ejemplo, después de la curación de un sordomudo (Mc 7, 36), y tras la confesión de fe de Pedro (Mc 8, 29-30). Para curar al sordomudo es significativo el hecho de que Jesús lo tomó "aparte, lejos de la turba". Allí, "mirando al cielo, suspiró". Este "suspiro" parece ser un signo de compasión y, al mismo tiempo, una oración. La palabra "efeta" ("¡abrete!") hace que se abran los oídos y se suelte "la lengua" del sordomudo (cfr. 7, 33:35).

6. Si Jesús realiza en sábado algunos de sus milagros, lo hace no para violar el carácter sagrado del día dedicado a Dios sino para demostrar que este día santo está marcado de modo particular por la acción salvífica de Dios. "Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también" (Jn 5, 17). Y este obrar es para el bien del hombre; por consiguiente, no es contrario a la santidad del sábado, sino que más bien la pone de relieve: "El sábado fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por el sábado. Y el dueño el sábado es el Hijo del hombre" (Mc 2, 27-28).

7. Si se acepta la narración evangélica de los milagros de Jesús (y no hay motivos para no aceptarla, salvo el prejuicio contra lo sobrenatural) no se puede poner en duda una lógica única, que une todos estos "signos" y los hace emanar de su amor hacia nosotros, de ese amor misericordioso que con el bien vence al mal, cómo demuestra la misma presencia y acción de Jesucristo en el mundo. En cuanto que están insertos en esta economía, los "milagros y señales" son objeto de nuestra fe en el plan de salvación de Dios y en el misterio de la redención realizada por Cristo. Como hecho, pertenecen a la historia evangélica, cuyos relatos son creíbles en la misma y aún en mayor medida que los contenidos en otras obras históricas. Está claro que el verdadero obstáculo para aceptarlos como datos ya de historia ya de fe, radica en el prejuicio anti-sobrenatural al que nos hemos referido antes. Es el prejuicio de quien quisiera limitar el poder de Dios o restringirlo al orden natural de las cosas, casi como una auto-obligación de Dios a ceñirse a sus propias leyes. Pero esta concepción choca contra la más elemental idea filosófica y teológica de Dios, Ser infinito, subsistente y omnipotente, que no tiene límites, si no en el no-ser y, por tanto, en el absurdo.

Como conclusión de esta catequesis resulta espontáneo notar que esta infinitud en el ser y en el poder es también infinitud en el amor, como demuestran los milagros encuadrados en la economía de la Encarnación y en la Redención. Son "signos" del amor misericordioso por el que Dios ha enviado al mundo a su Hijo para que todo el que crea en El no perezca, generoso con nosotros hasta la muerte. "Sic dilexit!" (Jn 3, 16) Que a un amor tan grande no falte la respuesta generosa de nuestra gratitud, traducida en testimonio coherente de los hechos.

Milagros: Un llamado a la Fe
Audiencia general de SS Juan Pablo II el 16 de diciembre, de 1987.

1. Los "milagros y los signos" que Jesús realizaba para confirmar su misión mesiánica y la venida del reino de Dios, están ordenados y estrechamente ligados a la llamada a la fe. Esta llamada con relación al milagro tiene dos formas: la fe precede al milagro, más aún, es condición para que se realice; la fe constituye un efecto del milagro, bien porque el milagro mismo la provoca en el alma de quienes lo han recibido, bien porque han sido testigos de él.

Es sabido que la fe es una respuesta del hombre a la palabra de la revelación divina. El milagro acontece en unión orgánica con esta Palabra de Dios que se revela. Es una "señal" de su presencia y de su obra, un signo, se puede decir, particularmente intenso. Todo esto explica de modo suficiente el vínculo particular que existe entre los "milagros-signos" de Cristo y la fe: vínculo tan claramente delineado en los Evangelios.

Efectivamente, encontramos en los Evangelios una larga serie de textos en los que la llamada a la fe aparece como un coeficiente indispensable y sistemático de los milagros de Cristo. Al comienzo de esta serie es necesario nombrar las páginas concernientes a la Madre de Cristo con su comportamiento en Caná de Galilea, --y aún antes y sobre todo-- en el momento de la Anunciación. Se podría decir que precisamente aquí se encuentra el punto culminante de su adhesión a la fe, que hallará su confirmación en las palabras de Isabel durante la Visitación: "Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se te he dicho de parte del Señor" (Lc 1, 45).

Sí, María ha creído como ninguna otra persona, porque estaba convencida de que "para Dios nada hay imposible" (Cfr. Lc 1, 37). Y en Caná de Galilea su fe anticipó, en cierto sentido, la hora de la revelación de Cristo. Por su intercesión, se cumplió aquel primer "milagro-signo", gracias al cual los discípulos de Jesús"creyeron en él" (Jn 2, 11). Si el Concilio Vaticano II enseña que María precede constantemente al Pueblo de Dios por los caminos de la fe (cfr. Lumen Gentium, 58 y 63; Redemptoris Mater, 5-6), podemos decir que el fundamento primero de dicha afirmación se encuentra en el Evangelio que refiere los "milagros-signos" en María y por María en orden a la llamada a la fe.

3. Esta llamada se repite muchas veces. Al jefe de la sinagoga, Jairo, que había venido a suplicar que su hija volviese a la vida, Jesús le dice: "No temas, ten sólo fe". (Dice «no temas», porque algunos desaconsejaban a Jairo ir a Jesús) (Mc 5, 36). Cuando el padre del epiléptico pide la curación de su hijo, diciendo: "Pero si algo puedes, ayúdanos...", Jesús le responde: "¡Si puedes! Todo es posible al que cree". Tiene lugar entonces el hermoso acto de fe en Cristo de aquel hombre probado: "¡Creo! Ayuda a mi incredulidad" (cfr. Mc 9, 22-24).

Recordemos, finalmente, el coloquio bien conocido de Jesús con Marta antes de la resurrección de Lázaro:"Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto? Si, Señor, creo..." (cfr. Jn 11, 25-27).

4. El mismo vínculo entre el "milagro-signo" y la fe se confirma por oposición con otros hechos de signo negativo. Recordemos algunos de ellos. En el Evangelio de Marcos leemos que Jesús de Nazaret "no pudo hacer...ningún milagro, fuera de que a algunos pocos dolientes les impuso las manos y los curó. El se admiraba de su incredulidad" (Mc 6, 5)6). Conocemos las delicadas palabras con que Jesús reprendió una vez a Pedro:"Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?". Esto sucedió cuando Pedro, que al principio caminaba valientemente sobre las olas hacia Jesús, al ser zarandeado por la violencia del viento, se asustó y comenzó a hundirse (cfr. Mt 14, 29-31).

5. Jesús subraya más de una vez que los milagros que El realiza están vinculados a la fe. "Tu fe te ha curado", dice a la mujer que padecía hemorragias desde hacia doce años y que, acercándose por detrás le había tocado el borde de su manto, quedando sana (cfr. Mt 9, 20-22; Lc 8, 48; Mc 5, 34). Palabras semejantes pronuncia Jesús mientras cura al ciego Bartimeo, que, a la salida de Jericó, pedía con insistencia su ayuda gritando: "¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mi!" (cfr. Mc 10, 46-52). Según Marcos: "Anda, tu fe te ha salvado" le responde Jesús. Y Lucas precisa la respuesta: "Ve, tu fe te ha hecho salvo" (Lc 18,42).

Una declaración idéntica hace al Samaritano curado de la lepra (Lc 17, 19). Mientras a los otros dos ciegos que invocan a volver a ver, Jesús les pregunta: "«¿Creéis que puedo yo hacer esto?». «Sí, Señor»... «Hágase en vosotros, según vuestra fe»" (Mt 9, 28-29).

6. Impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir a ayuda de Jesús para su hija "atormentada cruelmente por un demonio". Cuando la cananea se postró delante de Jesús para implorar su ayuda, El le respondió: "No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos." (Era una referencia a la diversidad étnica entre israelitas y Cananeos que Jesús, Hijo de David, no podía ignorar en su comportamiento práctico, pero a la que alude con finalidad metodológica para provocar la fe). Y he aquí que la mujer llega intuitivamente a un acto insólito de fe y de humildad. Y dice: "Cierto, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores". Ante esta respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replica: "¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como tú quieres" (cfr. Mt 15, 21-28).

Es un suceso difícil de olvidar, sobre todo si se piensa en los innumerables "cananeos" de todo tiempo, país, color y condición social que tienden su mano para pedir comprensión y ayuda en sus necesidades!

7. Nótese cómo en la narración evangélica se pone continuamente de relieve el hecho de que Jesús, cuando"ve la fe", realiza el milagro. Esto se dice expresamente en el caso del paralítico que pusieron a sus pies desde un agujero abierto en el techo (cfr. Mc 2, 5; Mt 9, 2; Lc 5, 20). Pero la observación se puede hacer en tantos otros casos que los evangelistas nos presentan. El factor fe es indispensable; pero, apenas se verifica, el corazón de Jesús se proyecta a satisfacer las demandas de los necesitados que se dirigen a El para que los socorra con su poder divino.

8. Una vez más constatamos que, como hemos dicho al principio, el milagro es un "signo" del poder y del amor de Dios que salvan al hombre en Cristo. Pero, precisamente por esto es al mismo tiempo una llamada del hombre a la fe. Debe llevar a creer sea al destinatario del milagro sea a los testigos del mismo.

Esto vale para los mismos Apóstoles, desde el primer "signo" realizado por Jesús en Caná de Galilea; fue entonces cuando "creyeron en El" (Jn 2, 11). Cuando, más tarde, tiene lugar la multiplicación milagrosa de los panes cerca de Cafarnaum, con la que está unido el pre-anuncio de la Eucaristía, el evangelista hace notar que "desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían", porque no estaban en condiciones de acoger un lenguaje que les parecía demasiado "duro". Entonces Jesús preguntó a los Doce: '¿Queréis iros vosotros también?'. Respondió Pedro: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (cfr. Jn 6, 66-69).

Así, pues, el principio de la fe es fundamental en la relación con Cristo, ya como condición para obtener el milagro, ya como fin por el que el milagro se ha realizado. Esto queda bien claro al final del Evangelio de Juan donde leemos: "Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (Jn 20, 30-31).

Tomado de: http://www.corazones.org/diccionario/milagros.htm

Lourdes: 6.800 curaciones extraordinarias y 

67 milagros reconocidos por la Iglesia







Todos los casos han pasado por un largo proceso de fiscalización médica y oficial Una curación se convierte en extraordinaria cuando es inexplicable para la ciencia

Desde que la Virgen se apareciera en Lourdes a Bernardette Soubirous en el invierno de 1858, las curaciones milagrosas no han dejado de sucederse en el santuario de Lourdes. Erigido en honor de la Señora que se reveló ante la sencilla campesina como «la Inmaculada Concepción», al santuario acuden cada año millones de peregrinos y enfermos con la intención de orar y ser curados por la Virgen. Hasta la fecha, casi 7000 personas han sido sanadas de modo extraordinario, y de esos 7000 casos, 66 han sido reconocidos como milagros por la Iglesia tras un largo proceso.

David Amado/Mar Velasco - Madrid.-
Al santuario de Lourdes peregrinan cada año millones de personas. Desde hace 120 años se recogen en el «despacho médico» del santuario los testimonios de curaciones extraordinarias que tienen lugar allí o que de alguna manera se deben a la intercesión de la Virgen de Lourdes. Hasta la fecha, casi 7000 curaciones extraordinarias en Lourdes y 66 milagros han sido reconocidos por la Iglesia. Estos son los datos que recoge, en un informe especial, el último número de la revista «Lourdes-Magazin», boletín del santuario francés.
El primer caso data del 1 de marzo de 1858. Se trata de Catherine Latapie, quien tenía la mano derecha paralizada a causa de la caída de un árbol. Movida por una inspiración divina, se levanta a las tres de la mañana y se dirige a la gruta. Llega, se arrodilla y reza. Después, baña su mano en el pequeño hilillo de agua todavía fangosa que sale de la fuente que Bernardette ha excavado tres días antes siguiendo indicaciones de la Virgen. Inmediatamente sus dedos se enderezan y recobran la flexibilidad. Esa misma tarde da a luz a su tercer hijo, Jean-Baptiste, que en 1882 será ordenado sacerdote.

Un largo proceso médico

El caso más reciente es el de Jean-Pierre Bély. Aquejado de una esclerosis en placas desde 1972, queda totalmente inválido. En 1987, en un estado deplorable va a Lourdes con una peregrinación del Rosario. Después de recibir la Unción de enfermos, al tercer día, siente una profunda paz interior. Empieza a sentir que recupera la sensibilidad pero no se atreve a nada. Por la noche oye una voz interior que le repite «levántate y anda». Jean-Pierre obedece y, desde entonces goza de perfecta salud.
Entre estos dos casos, otros 64 han sido reconocidos como milagrosos, aunque, como señala el Dr. Patrick Theillier, «estas curaciones reconocidas como milagrosas son solo una muestra, un espécimen, prototipos de todas las demás no reconocidas». En la oficina que él dirige esperan otras 6.800 curaciones extraordinarias. La Iglesia no lo pone fácil. Se trata de una verdadera carrera de obstáculos. Cuando un caso llega a la oficina, se parte del testimonio de la persona curada que reconoce un significado espiritual a la transformación física que ha sufrido y lo atribuye a la Virgen de Lourdes. Después se inicia un largo proceso médico, en el que participan también especialistas no creyentes. Para que un caso sea considerado milagroso es necesario que la persona padeciera una patología establecida médicamente y grave y que, el retorno a un estado de salud completo y duradero sea repentino e inexplicable. Entre las personas curadas se encuentran de todas las edades y estratos sociales. El más joven es un niño de dos años, Justin Bouhort. Enfermo desde su nacimiento, está inválido y presenta un grave retraso en su crecimiento. Su madre, confiando en la promesa de la Virgen lo lleva a la gruta y lo baña en las aguas heladas de la fuente. La gente que la rodea le grita diciendo que va a matar a su hijo. La madre lo retira y vuelve a su casa. El niño respira con dificultad. Cuando todos esperan lo peor, el niño se duerme plácidamente y, durante los días siguientes, se repone y anda. Justin asistirá a la canonización de Bernardette el 8 de diciembre de 1933 en Roma.
Muchas de las curaciones milagrosas van acompañadas de transformaciones interiores. De hecho, el gran milagro de Nuestra Señora de Lourdes para muchos, aunque la ciencia no pueda dar cuenta de ellos, es la recuperación de la fe. 2003-12-03 – LA RAZÓN-Esp.

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«Plegaria», «Penitencia», «Perseverancia»: en estas tres «pes» las condiciones para llevar a cabo provechosamente una peregrinación.

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Proclamado el milagro número 67 oficialmente reconocido en Lourdes.

Experimentado por una italiana que padecía una malformación cardiaca

ROMA, lunes, 14 de noviembre de 2005 - El arzobispo de Salerno, sur de Italia, monseñor Gerardo Pierro proclamó oficialmente el 11 de noviembre la «curación milagrosa» de una mujer, que hoy tiene 90 años, acaecida en Lourdes en 1952.

Se trata del «milagro» número 67 oficialmente reconocido por la Iglesia católica acaecido en la ciudad francesa de las apariciones de la Virgen María.

La enferma, Anna Santaniello, sufría desde su infancia una malformación cardiaca, declarada incurable por los médicos. Al cumplir los cuarenta años, su estado de salud empeoró gravemente y, a pesar del parecer contrario de los médicos y de su familia, decidió viajar a Lourdes.

Esta malformación le impedía caminar y hablar claramente. Asimismo, le causaba cianosis en la cara y edemas en las extremidades inferiores.

Según ha explicado al diario de «La Città» de Salerno, «ya casi no lograba respirar y le dije a mi hermano que mi último deseo era ir a Lourdes», a donde llegó «viva aunque en camilla».

Las religiosas la introdujeron en la piscina y «el agua estaba helada --cuenta--, pero sentí inmediatamente algo que hervía en el pecho, como si me hubieran restituido la vida. Después de pocos segundos, me levanté con mis propias fuerzas y comencé a caminar, rechazando la ayuda de los camilleros, que me veían con incredulidad».

Al regresar a casa, pidió consulta a un ilustre cardiólogo de aquella época, quien «me dijo que no tenía nada, que estaba sanísima y que no podía explicarse todo los certificados y exámenes hechos precedentemente».

Anna Santaniello ha vuelto en otras ocasiones a Lourdes para ofrecer su servicio como voluntaria en la ayuda a los enfermos.

En la ceremonia de proclamación del milagro, en el seminario metropolitano «Juan Pablo II» en Pontecagnano, participó Anna Santaniello, acompañada por sus familiares y amigos. ZS05111408

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67 milagros reconocidos por la Iglesia - LOURDES

Desde que tuvieron lugar en 1858 las apariciones de la Virgen de Lourdes, 63 curaciones han sido reconocidas por expertos (de diferentes convicciones religiosas) como científicamente inexplicables, y por la Iglesia católica como auténticos milagros.
El dato fue confirmado a Alfa y Omega por el doctor Patrick Theillier, médico responsable de la Oficina Médica de Lourdes. En virtud de este cargo, encomendado por el obispo de Tarbes-Lourdes, debe examinar a las personas que consideran haber experimentado un milagro atribuido a la intercesión de la Virgen de Lourdes.
«Lourdes es el único lugar, fuera del Vaticano, con una Oficina Médica (creada en 1883) en la que se examinan curaciones inexplicables», afirma. Y revela que «el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), comité de consulta compuesto por unos veinte miembros permanentes, médicos de hospitales procedentes de toda Europa, se reúne una vez al año para examinar los dossieres más serios».
«Hay que distinguir el aspecto científico del espiritual –añade–. La curación debe superar las leyes conocidas de la evolución de la enfermedad, y la persona que ha experimentado el milagro debe reconocer, además, el significado espiritual del acontecimiento».
«Para que pueda ser reconocida como milagrosa –continúa–, la curación debe responder a siete criterios. Es necesario comprobar la enfermedad, que debe ser grave, con un pronóstico fatal. La enfermedad debe ser orgánica, o producida por lesiones. Ningún tratamiento puede estar en el origen de la curación. Ésta debe ser repentina, instantánea. Por último, la reanudación de las funciones debe ser completa, sin convalecencia, y debe ser duradera».
«Por este motivo, el reconocimiento de los milagros lleva varios años –concluye–. Una vez que lo hemos reconocido, la curación es publicada por el obispo de la diócesis en la que reside la persona que ha experimentado el milagro». 2004-08.15 France

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¿Para qué sirven los milagros?

2 Reyes 5,14-17; 2 Timoteo 2, 8-15; Lucas 17, 11-19 - Mientras Jesús estaba de camino a Jerusalén, a la entrada de un pueblo le salieron al encuentro diez leprosos. Parándose a distancia, le dijeron en voz alta: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Jesús se apiadó de ellos y les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Durante el trayecto, los diez leprosos se descubrieron milagrosamente curados. También la primera lectura refiere una curación milagrosa de la lepra: la de Naamán el sirio por obra del profeta Eliseo. Es clara, por lo tanto, la intención de la liturgia de invitarnos a reflexionar sobre el sentido del milagro y en particular del milagro que consiste en la sanación de la enfermedad.

Digamos ante todo que la prerrogativa de hacer milagros se cuenta entre las más atestiguadas en la vida de Jesús. Probablemente la idea dominante que la gente se había hecho de Jesús, durante su vida, más aún que la de que fuera un profeta, era la de ser uno que hacía milagros. Jesús mismo presenta este hecho como prueba de la autenticidad mesiánica de su misión: «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan» (Mateo 11, 5). No se puede eliminar el milagro de la vida de Jesús sin deshacer toda la trama del Evangelio.

Junto a los relatos de milagros, la Escritura nos ofrece también los criterios para juzgar su autenticidad y su objetivo. El milagro nunca es, en la Biblia, un fin en sí mismo; menos aún debe servir para ensalzar a quien lo realiza y poner al descubierto sus poderes extraordinarios, como casi siempre sucede en el caso de sanadores y taumaturgos que hacen publicidad de sí mismos. Es incentivo y premio de la fe. Es un signo y debe servir para elevar a un significado. Por esto Jesús se muestra tan entristecido cuando, después de haber multiplicado los panes, se da cuenta de que no han entendido de qué era «signo» (v. Marcos 6, 51).

El milagro aparece, en el propio Evangelio, como ambiguo. Se ve en unas ocasiones positivamente, en otras negativamente. Positivamente cuando es acogido con gratitud y alegría, suscita fe en Cristo y abre a la esperanza en un mundo futuro ya sin enfermedad ni muerte; negativamente cuando es solicitado, o incluso exigido, para creer. «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?» (Juan 6, 30). «Si no veis señales y prodigios no creéis», decía con tristeza Jesús a quienes le escuchaban (Juan 4, 48). La ambigüedad continúa, bajo otra forma, en el mundo de hoy. Por un lado hay quien busca el milagro a toda costa; está siempre a la caza de hechos extraordinarios, se detiene en ellos y en su utilidad inmediata. En el lado opuesto, hay quienes no dejan espacio alguno al milagro; lo contemplan hasta con cierta molestia, como si se tratara de una manifestación inferior de religiosidad, sin darse cuenta de que, de tal manera, se pretende enseñar a Dios mismo qué es o no la verdadera religiosidad.

Algunos debates recientes suscitados por el «fenómeno padre Pío» han evidenciado cuánta confusión existe aún acerca del milagro. No es verdad, por ejemplo, que la Iglesia considere milagro todo hecho inexplicable (¡de estos, se sabe, está lleno el mundo y también la medicina!). Considera milagro sólo aquel hecho inexplicable que, por las circunstancias en las que ocurre (rigurosamente comprobadas), reviste el carácter de señal divina, esto es, de confirmación dada a una persona o de respuesta a una oración. Si una mujer, de nacimiento sin pupilas, en cierto momento empieza a ver, aún sin pupilas, esto puede ser catalogado como hecho inexplicable, pero si sucede precisamente mientras se confiesa con el padre Pío, como de hecho ocurrió, entonces ya no basta hablar sencillamente de «hecho inexplicable».

Nuestros amigos «laicos», con sus actitud crítica ante los milagros, ofrecen una contribución preciosa a la fe misma, porque se muestran atentos a las falsificaciones fáciles en este terreno. Sin embargo también aquellos deben contemplarse desde una aproximación acrítica. Es igual de equivocado creer a priori en todo lo que circula como milagroso como rechazar a priori todo, sin tomarse siquiera la molestia de examinar sus pruebas. Se puede ser crédulos, pero también... incrédulos, que no es [una actitud] tan distinta.

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19.09.2005, como ocurre regularmente en el día

de San Genaro.It. licuación de su sangre.

¿Qué es un santo en la tradición de la Iglesia?

Los protestantes (y musulmanes a veces) acusan a los católicos y ortodoxos de "adorar a los santos".

Los católicos y ortodoxos responden que sólo rinden adoración (latría, en griego) a Dios.

A los santos, sin embargo, se les venera. La veneración (dulía, en griego) es honrar, recordar e imitar. Eso es lo que la Iglesia católica y la ortodoxa hacen desde los tiempos de los mártires romanos: honrar a sus muertos, celebrar sus vidas y ponerlos como ejemplo. También se puede hacer -sin motivación religiosa- con héroes nacionales, antepasados respetados en tu familia... y no por eso se considerará que les rindes culto como a Dios. Un ateo puede honrar, venerar y poner como ejemplo a Pasteur, a Ramón y Cajal...

Un añadido especial es que los cristianos creen que los muertos "no están muertos", sino que al menos algunos están vivos junto a Dios. Cuando la Iglesia católica "beatifica" a alguien está proclamando de forma infalible que esa persona está con Dios. Y a alguien que está vivo (aunque sea en el Cielo... ¡más aún si está en el Cielo, de hecho!), le puedes pedir que rece por ti. Esto se llama intercesión.

Los protestantes ven bien que le digas a tu pastor, probablemente un hombre bueno y justo, reza por mí. Lo que no ven bien es que se lo pidas después de muerto. Es decir; cuando precisamente el católico considera que "vive ya en presencia de Dios".

En la Biblia muchas veces se pide a "gente especial" (los profetas, por ejemplo) que intercedan por el pueblo, por los pecadores. El rey Sedequías se lo pide a Jeremías (Jer 37,3) y todo el pueblo implora que interceda (Jer 42,1-6). Los ángeles son intercesores e intermediarios entre Dios y los hombres continuamente como vemos en la Biblia.

En Baruc 3,4 el profeta pide a Dios: "escucha las oraciones de los muertos de Israel". Es decir, que los muertos rezan, o sea, hablan con Dios y le piden por los vivos. En 2 Macabeos 15, 12-16, Onías y Jeremías, que llevan siglos muertos, rezan por el pueblo de Israel. Lo que pasa es que los protestantes no aceptan como palabra de Dios el segundo libro de Macabeos.

Que hay que honrar a los hombres sabios, virtuosos, que nos precedieron en la fe, lo pide el Antiguo y Nuevo Testamento en infinidad de ocasiones. Pide también que al recordarlos y celebrarlos (la idea "haced memoria, conmemorad" no pide sólo un recuerdo intelectual, sino celebrativo) copiemos su ejemplo, los imitemos.

Así se puede ver en 1 Cor 4,16, en 1 Cor 11,1 ("imitadme como yo imito a Cristo"; Pablo ya murió, pero sigue siendo bueno imitarle), en Fil 3,17; en 1 Tes 1,6; en Hebreos 13,7; en Santiago 5,10-11 (imitar a los profetas, a Job...)

Desde muy antiguo los cristianos asumieron que las reliquias corporales de hermanos que eran asesinados por su fe ayudaban a celebrar su aniversario, inspirar su ejemplo y participar de su presencia ante Dios. Así, en el "Martirio de Policarpo" 17,18 (del año 157 d.C., Policarpo fue discípulo de San Juan, y maestro de San Ireneo) dice:

"Tomamos sus huesos, como si fuesen más preciosos que las joyas más exquisitas, y más purificados que el oro, y los depositamos en un sitio adecuado en el que reunidos nosotros cuando la oportunidad lo permite, con gozo y alegría, el Señor nos permitirá celebrar el aniversario de su martirio, tanto en memoria de aquellos que ya han acabado su carrera, como para ejercitarnos y prepararnos los que aún seguimos sus pasos".

Pedir a los santos ayuda es común en los primeros cristianos. Hipólito de Roma, escribiendo sobre el profeta Daniel (Sobre Daniel, 11,30), dirige en el año 204una oración a los jóvenes que caminaban por el fuego, que murieron siglos antes: "Acordaos de mí, os lo suplico, para que pueda alcanzar con vosotros el mismo destino del martirio".

San Agustín recuerda (en el año 400, en Contra Fausto, 20,21) que rendir culto de adoración es hacer ofrendas a un dios, y que los cristianos solo llevan las ofrendas a Dios, aunque el altar esté construido recordando a un santo:

"Es cierto que los cristianos rinden honor a la memoria de los mártires, tanto para animarnos a imitarlos como para participar en sus méritos y pedir que nos ayuden con sus oraciones. Pero no construimos altares a los mártires sino al Dios de los mártires, aunque sea en la memoria de los mártires. Nadie que oficie en el altar de un lugar con santos enterrados dice "te traemos una ofrenda, oh Pablo, oh Pedro, oh Cipriano..." La ofrenda se hace a Dios, que dio la corona del martirio, aunque sea en memoria de los así coronados. La emoción aumenta por las asociaciones que despierta el lugar, el amor se excita hacia los que son ejemplo para nosotros, y hacia Aquel por Quien podremos seguir estos ejemplos. Sentimos por los mártires el mismo afecto íntimo que hacia los hombres santos de Dios en esta vida cuando sabemos que sus corazones están preparados para resistir el mismo sufrimiento por la verdad del evangelio. Hay más devoción en nuestro sentgimiento hacia los mártires porque sabemosq ue su lucha acabó, y que podemos hablar con mayor confianza en alabanza de aquellos que ya están victoriosos en el cielo que de aquellos que aún combaten aquí".

Por lo tanto, la veneración a los santos, imitarlos y pedir su intercesión es algo que nace de la Biblia y de los primeros cristianos. Este es el sentido que tiene recordar, venerar, imitar y pedir al intercesión de los 498 mártires españoles del siglo XX, hoy, como en tiempos de San Agustín, hace 16 siglos.

Respecto a la otra protesta de César Vidal y otros protestantes, la de "ir a lugares" a pedir milagros, curaciones, etc... o acudir a personas concretas... ¿va en contra de lo que Jesús pedía, "una adoración en Espíritu y en verdad -Juan 4, 21-24"?

Que hay gente que rezando provocan más milagros (al menos del tipo que se pueden ver) no contradice nada en la doctrina cristiana. En el ámbito católico son famosos el padre Emiliano Tardiff (que ya murió), Sor Bridget McKenna, el padre DeGrandis, el salesiano indio James Manjackal... En el Reino Unido la comunidad católica Cor et Lumen Christi está "especializada" en organizar "rallies de milagros".

Dios hace los milagros, y perfectamente puede usar a algunos cristianos (ya muertos o aún vivos) para hacer más a través de ellos. Recuerda San Pablo -en 1 Cor 28-, que en la Iglesia los hay que son profetas, apóstoles, maestros... y "otros con poder para hacer milagros, otros para sanar, otros para hablar en lenguas o interpretarlas... "¿Acaso todos son maestros? ¿O todos hacen milagros? ¿O todos tienen el don de sanar?", pregunta.

Por lo tanto, ir a un hermano con fama de hacer milagros a pedir su oración no es bíblicamente más absurdo que ir a un hermano con fama de explicar bien la doctrina a pedirle formación o que resuelva dudas. (Otro tema es si la fama corresponde a la realidad de esa persona y es verdad que pueden darse abusos, pero no sólo con los milagros, sino con todos los otros carismas, incluyendo los de enseñanza, predicación, apostolado, etc...).

En cuanto a "ir a lugares" especiales, "doctores" tendrán los evangélicos para discernirlo (si lo permite "Sola Scriptura"), pero hoy por hoy incluso los pentecostales más "milagreros" acuden a donde esté el "pastor con don de sanación", y no a lugares con fuentes o piscinas o piedras donde invocar el poder de Dios (como sí se hace en los santuarios católicos y ortodoxos... lo cual no es incoherente si se reza a Dios, y no "al lugar").

Cabe recordar que hay muchos lugares religiosos (incluso no cristianos) donde se habla de milagros. Pero sólo en Lourdes hay una oficina médica permanente, independiente, con médicos no creyentes o claramente ateos, llevando desde hace más de un siglo un control sistemático de curaciones inexplicables. En este caso al menos, concentrarse en un "lugar" ayuda a verificar los milagros.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8662
tomado de: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2430


EL TOP 15 DE LOS MILAGROS
Luego de analizar cerca de 389 milagros aprobados por el Vaticano, el escritor y periodista italiano Saverio Gaeta escogió los 15 que consideró los más bellos e interesantes y los ilustró en su libro titulado Milagros. Cuando la ciencia se rinde.

Por: KELLY VELASQUEZ 8 de octubre de 2004

Gaeta, jefe de redacción de la revista Familia Cristiana, tuvo acceso a la documentación de la Congregación Vaticana para la Causa de los Santos, y durante más de dos años leyó, investigó y consultó los textos oficiales. Son milagros aprobados por la Iglesia Católica durante los 26 años de pontificado de Juan Pablo II, y varios de ellos ocurrieron en América Latina.

Leí todos los milagros, uno por uno. Después seleccioné entre 70 y 80 casos cuya historia podía ser entendida por gente no especializada y los escogí por categoría, por lugar geográfico y si había fotografías, porque estas constituyen una prueba concreta, aplastante , sostiene Gaeta, autor de numerosos libros sobre argumentos católicos, entre ellos uno sobre Los secretos de Madre Teresa.

De América Latina En el libro sobre milagros, Gaeta incluye varios casos ocurridos en México, Colombia, Brasil y Chile. Son países donde existe aún la humildad para pedir un milagro, la gente está más dispuesta y no como en Europa , comentó.

Unidos por el hecho de constituir casos inexplicables desde el punto de vista científico y racional, entre los milagros más bellos aprobados por el Papa figura el del mexicano Juan José Barragán, quien está sano y salvo después de que se arrojó desde un apartamento a diez metros de altura fracturándose el cráneo contra el cemento. Todo gracias al santo Juan Diego, el indio Cuauhtlatoatzin , santificado por el Papa en México en el 2002.

Otro milagro sorprendente es el de una mujer, también mexicana, cuya esterilidad había sido comprobada por motivos genéticos, que dio a luz un hijo y volvió a quedar estéril. Gracias a ese milagro fue beatificado en 1995 el misionero mexicano Rafael Guizar Valencia.

También figura el caso de una brasileña embarazada sin contar con el líquido amniótico desde la decimosexta semana, quien logró la proeza gracias a la intercesión de la santa italiana Gianna Beretta Molla, una médica que prefirió no abortar y llevar adelante su cuarto embarazo pese al cáncer, canonizada en mayo del 2004.

Radiografías, esquemas de las lesiones radiológicas, certificados médicos e historias clínicas son reproducidas como pruebas para demostrar que se trata de historias extraordinarias, logradas solo por la intercesión de beatos y santos.

Escribir este libro fue para mí un desafío, ya sea con los escépticos o con los creyentes. Es la prueba de que alguien puede ir más allá de las leyes de la naturaleza , sostiene el escritor.

EL MILAGRO COLOMBIANO Saverio Gaeta narra el milagro de una niña colombiana de Medellín, que tras ser atravesada por una bala disparada por un narcotraficante, a la altura de la espalda, volvió a caminar y a correr.

A Natalia Andrea García Mora, que en 1993 cuando le dispararon tenía 8 años, la salvó la santa española Paola de San José Calasanz, fundadora de una comunidad religiosa que trabajaba en el barrio Blanquizal, donde residía la niña.

Gracias a una novena dirigida a la española, que se concluía siempre con te rogamos por la rápida curación de Natalia , la joven recibió el milagro, documentado en el Vaticano, tras haber consultado neurólogos y traumatólogos, quienes concluyeron que su rápida curación es inexplicable científicamente .

La santa fue canonizada el 25 de noviembre del 2003 y beatificada en 1994.

FOTO/AFP El escritor italiano Saverio Gaeta posa en el balcón de la publicación Familia Cristiana , cerca al Vaticano, mientras sostiene en sus manos el libro de su autoría.

Tomado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1573908











"Siente al viento en los árboles.
Baña tus pies en el río.
Descansa tu cuerpo en la fresca hierba.
Mira pasar a las grandes nubes blancas
Y sus pájaros flotando en sus corrientes.
Escucha a los pequeños insectos cantar
Y admira a la mariposa revolotear
¡Abrázate!, ¡Amate!
Y en esa canción de dulzura y encanto
Deja que la Madre Tierra acune tu alma"...

Amate

Amate